domingo, 22 de marzo de 2020

Alarma IV


Si anudas el vientre de tu angustia
al reloj de las rutinas
verás que por mucho que intentes cumplirlas a rajatabla
y creas en ellas a pies juntillas
se hacen trizas en cuanto nacen 
porque el único ritmo que marcan ahora tus pulmones
es la improvisación
y el color con que pintamos es un color hecho de gotas al azar en el tubo de un fauvista 
esa mixtura señala el comienzo de la Nueva Era 
y la estridencia del canvas nos calmará 
y el ruido ensordecedor del silencio de las calles nos hablará una nueva lengua que entenderemos espontáneamente 
porque las sombras que nos acosan camufladas en patinetes eléctricos se han esfumado 
convertidas en jirones de vapor que recogen los repartidores y los policías y los sanitarios los encierran en cofres que cubren con cemento 
en praderas sin dueño ni vacas
en la coartada de los sueños por venir

viernes, 21 de febrero de 2020

44

Llega febrero e ignoro todo sobre el nacimiento de mis perros. Los perros no tienen partidas de nacimiento. Les echo tres o cuatro años pero no sé nada de sus padres ni sus madres, si fueron cachorros raquíticos, si alguien guarda sus cordones umbilicales. Al contrario, como si esto fuera un dato relevante, sé que yo nací un domingo a las 20 horas.
Mi padre escribió una entrada en su diario el día de mi nacimiento Ana María, un bebé precioso, una niña. Estaba ya en casa cuando lo hizo, de madrugada, al volver del hospital después de haberme conocido, escribió esa frase y algunos datos más, como la hora exacta en que vine al mundo y mi peso, se sirvió una copa y brindó. Vino a recogernos en su 127, que se averió. Salimos de la maternidad con aires democráticos; fui un feto sin derecho de reunión, pero el día que salí a la calle por primera vez, principios de marzo del 76, día templado en Pamplona, me encontré con una manifestación autorizada y un taller mecánico. Qué manifestaban y qué pasó después no lo sé con exactitud. Mi padre no siguió escribiendo el diario y sus páginas permanecen mudas. Ese marzo cumplió veintinueve años. 
En esas páginas amarillentas he encontrado una clave secreta para salvarme de mi edad reordenando el vacío y ocupando los huecos con material de derribo. 
Cruzo de nuevo todos los umbrales que crucé después del primero, sin miedo a cometer fraude ni perjurio. Mis manos son las mismas 44 años después, las mismas que escarbaron la tierra extranjera donde derramé el semen de mi juventud, las que trenzaron flores de azahar y palparon cuerpos que ahora son polvo y son huesos en la oscuridad del panteón. 

viernes, 14 de febrero de 2020

Ars erótica (Otro poema de amor)




Sí, has leído bien, no pretendo ser original, adoro la copia y el collage
(Si dejas de leer ahora mismo, no te lo reprocho; pon el punto final, yo lo haría sin dudarlo)
.

Porque… ¿qué puede aportar un poema más sobre el amor? ¿qué es el amor? 
¿Acaso el amor, como la poesía, eres tú, clavando tu pupila azul (o marrón) en la mía? 
Puede ser. O puede no ser.

Amo de igual forma a hombres y mujeres, así que tu género no te evitará la desgracia de mi amor.
Amo a mujeres morenas de enormes ojos negros que un día destruirán el mundo y que huelen a la magdalena de Proust pero también me gustan las rubias sobre todo si huelen a cerveza

Pero también amo a hombres, a hombres que se parezcan a Proust, que sean el mismo Proust, hombres que sean bonhomme de lettres, para jugar con ellos al esprit d´escalier, hombres que me citen en un cul de sac, cualquier cosa en francés, al que, por otra parte, soy muy aficionada, ya que es el idioma del arte moderno y de la liberté.

Si has llegado hasta aquí te felicito, porque no solo voy a hablar de mí.
Tienes suerte de ser persistente. Porque este poema de amor va a desvelar el gran secreto del amor, del amor fisiológico, del amor PROTOTIPO.

Ahí va.

El amor es un rayo láser que sale de la punta de los dedos y taladra y quema, y, si te toca de forma amorosa, puede matarte. Aunque por otro lado es una energía muy ahorradora, y casi siempre funciona en otro programa, mucho más inocuo.

El amor es un señor de gafas.
El amor es la niebla posada sobre un río cercano.
El amor es una peli de miedo coreana sin subtítulos.
Amar es el Bronx en los peores tiempos del Bronx.
La heroína y la penicilina.
Amor es imnosis y parálisis y te equivocas en uno y otro caso.
Amar es dirigirte a una pared a 150 kilómetros por hora y la pared resulta de acero o de papel maché indistintamente
El amor es mi amor cantando la canción de los boy scout japoneses.
Amar es mear en la pirámide del desierto porque quieres marcar tu territorio mientras clavas una bandera en la piel de la piedra, de la que mana sangre mientras tú te ríes.

Todo esto es, y probablemente alguna cosa más.

Añada Usted lo que crea conveniente, anyway. Hagamos juntos el amor.

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domingo, 9 de febrero de 2020

Duchamp o mis problemas con las cisternas


Tengo un problema con las cisternas 
Las acciono y se quedan accionadas 
Se mantienen en funcionamiento mucho más tiempo del necesario 
Les doy larga vida chorrean o simplemente gotean pero siguen manando hasta que tengo que regresar al baño para ver qué sucede con ese agua que corre ya sin necesidad ni obligación ese agua que se ha rebelado un agua que gasta que consume que es un pecado contra la ecología y el ahorro y el descanso de la noche 
Vuelvo a apretar una dos tres veces, me esmero en hacerlo conforme a los usos y costumbres, primero más despacio, después con saña hasta que, a veces, el río deja de fluir y se hace el silencio y la sequía, y otras, las más, persiste.
Una vez tuve que cerrar la llave del agua,  así estuvo varias semanas hasta que me acordé de llamar al fontanero
Me pasa que no llego a comprender el funcionamiento de las cosas, incluso las más simples, observo con sorpresa los mecanismos, los que todo el mundo parece dominar, ese mundo eficiente que me rodea, que podría darme envidia pero me da un poco de lástima, porque ser tan profesional y apto para la vida debe de ser muy cansado, casi aburrido
Pero, pensando en la factura y en el cambio climático, acciono again, a ver qué pasa 
Pronto se descubre mi impostura y mi imposibilidad con las cisternas 
Me acostumbro al rumor de fuente 
Se abre un un camino oscuro de cal en la loza blanca
Yo voy disimulando. Cuando no haya más remedio volveré a cerrar el paso del agua o buscaré un fontanero, pero mientras tanto, sigo acariciando mi duda existencial: ¿soy el maestro que hay que matar o el rebelde que llega para ocupar su lugar?


jueves, 30 de enero de 2020

Portal 1

El umbral de un piso, descansillo, el umbral de un cuarto, el dintel bajo el que atisbo el recodo de la habitación 
Umbral del mundo es mi vagina
Y la de mi madre 
Umbral de mi mirada mi párpado 
Me quedo en esa frontera donde soy extranjera 
Donde puedo mirar sin meter la mano en una masa que se me va a quemar o quedar pastosa
Porque si introduzco la mano o la punta del pie, si piso el interior, ya será demasiado tarde, porque entonces adquirirá la cualidad de lo que es, será algo definitivo que se debe escribir o inventar o contar al psicólogo porque no lo puedes soportar, porque duele, porque ya no puede ser de otra forma, y probablemente alguien ha muerto, y las cicatrices de apendicitis y de episiotomía no se pueden ignorar, son de color ceniza sobre el templo sagrado de la virginidad, y palpitan cuando el viento cambia de dirección, testigos de los perros que han sido maltratados en el rodaje de esta película.

martes, 17 de diciembre de 2019

V. debemos investigar nuestro dolor. 17diciembre2007




El dolor es una ventana a la que me asomo en primavera, es una ventana que da al norte, ventana de la sala de espera de un hospital, a través de ella observo asombrada cómo me separo definitivamente del mundo hasta ahora conocido, mi persona se despega como si fuera un adhesivo y atrás queda el lugar donde estaba pegada, donde descansaba tranquila, y ahora estoy en la punta de unos dedos que me posarán en otra superficie, intentando sin éxito que quede impecable, como si siempre hubiera estado pegada allí, en ese nuevo lugar, alisando las arrugas o la esquina que se empeña en despegarse o ese pelo de perro que se queda atrapado entre la nueva superficie y mi persona repegada.

Miro y veo las otras figuras que me acompañan y ahora componen el mundo, preguntándome si me acostumbraré, aunque ahora esté desgarrada, aunque me estén aplanando e intenten esos dedos colocar mi cabeza, que, al despegarla, han rasgado y queda desprendida de mi tronco, intentan esos dedos colocarla con mucho cuidado, ajustarla al milímetro para que no se note, pero no pueden evitar que quede una mínima línea delatora
que lo mismo puede ser un collar ajustado a mi garganta que el recuerdo de una soga.

viernes, 13 de diciembre de 2019

IV. Analgesia pautada


Han ingresado a mi madre porque ya no soporta el dolor de su cuerpo.
En el hospital yace a su lado una anciana que solo parece seguir viva cuando le tocan, grita lastimeramente.
Atiéndame, le dicen a su hija sobrina contratada por horas, es muy importante, escuche, la analgesia está pautada escrupulosamente.
Cuando salgo y entro, en mis viajes al baño a la cafetería a respirar, espío a través de las puertas entornadas.
Descubro a un hombre con barba que sorbe sopa, parece alguien que está en un lugar equivocado y me pregunto por qué y sé por qué, está peinado y es atractivo y no parece enfermo, conserva su color y su porte de jefe de algún departamento.
También está esa mujer excesivamente delgada que no parece joven ni vieja y que antes paseaba su melena gris por el pasillo y ahora lee en el sillón del acompañante sin acompañante.
O esas piernas que se ven tras un biombo que parecen no tener dueño.
Siempre hay alguien con oxígeno y muchas batas y acompañantes entretenidos suspirando,
agobiados impacientes el doctor puede pasar hasta las tres sentados o en las puertas con el móvil y el rictus serio o los brazos cruzados porque cuando llega el médico a los sanos nos echan como si la visita médica fuera un interrogatorio o no hubieras visto ya suficiente de tu padre o tu madre o tu hermano, como si un oscuro secreto pudiera existir aún y ellos tuvieran acceso a él sin derecho a un abogado 
Una enfermera rubia sale de una habitación lleva un uniforme diferente a las demás y me pregunto por qué si será estudiante o alguna especialista o simplemente alguien original también me pregunto si ha sido políticamente correcto pensar que era enfermera y no doctora o incluso la gerente del hospital pero las doctoras y las gerentes tienen otro aire sus coletas rubias no se balancean así
Lo que sí queda claro es que esa juventud  me resulta insultante su agilidad de mariposa baila y brilla contra las superficies de materiales fácilmente desinfectables
no deberían abofetearnos con sus frescas presencias sus risas cómplices recién repuestos los dientes de leche con manitas aún sin formar que introducen termómetros e instalan vías
aunque igual ellos las prefieren así porque de alguna forma tienen que entretenerse, y las ven como un desfile de otros tiempos una telenovela un deja vu
Ellos
Los enfermos 
Los viejos 
Los doloridos 
Y yo digo ellos aún
No nosotros 
Porque aún no soy uno de ellos 
Como tampoco soy enfermera 
Ni doctora ni la gerente siquiera 
Solo soy todavía acompañante
Me avalan mi labor y mi libro
la acompañante de la cama de enfrente se empeña en hablarme no me interesa esa hebra le espeta mi sonrisa helada y mis ojos palpan la lana, y su tacto y su olor me reconfortan como mi perro que no puedo traer o las letras de ese libro que no abro ni abriré porque aquí no hay quien se concentre aunque esas letras que hablan de errantes y de historias deshilachadas serían capaces de aplacar el dolor del mundo 
Entra un grupo de trabajadores indeterminados y nos vuelven a echar adiós mamá ahora vuelvo y en la puerta, la acompañante de la cama de enfrente, vais a pedir el alta con lo bien cuidada que está aquí, y mi madre es un pajarito o una lombriz en una caja de olores químicos
Y yo echo de menos a mi perro que no puedo traer aquí y no lo entiendo porque este lugar olería mucho mejor estando él, olería a cuadra de verdad y no a lejía aguada ni a algo que amenaza ser tóxico y contagioso y no logro descifrar
algún día impedirán entrar también a las visitas que enfilan el pasillo endomingadas de dos en dos parejas perfectamente conjuntadas matrimonios que son como sociedades anónimas y se sentarán o quedarán de pie frente a la cama donde un pariente vecino amigo parienta vecina amiga de la infancia se esfuerza por relatar con coherencia la historia que le ha llevado hasta allí mientras desarruga las sábanas ásperas y el camisón más o menos azul 
Como su piel 
Como la bacinilla que asoma su brazo debajo de la cama
Y repiten y se repiten
La indiferencia de la repetición
La agonía del círculo infinito 
Donde se pierden 
Y se sienten bien y seguros 
En un laberinto que rueda como el juguete de un hámster
Son Infatigables 
Irreductibles 
Agitan los cables que les conectan al suero 
Sin dejar de repetir 
Pues si 
Ya ves
Y los otros las visitas asienten porque dentro de un tiempo sus papeles se intercambiarán intentan quedarse con algo de lo que cuentan para luego poder repetirlo y ofrecerlo de vuelta como un taper vacío 
Han puesto el árbol de navidad
Mi madre y yo hemos presenciado su paulatino montaje en las idas y venidas del paseo de pasillo 
Primero solo un esqueleto verde 
Luego unas bolas blancas 
Cuando salgo del hospital a la noche lo rodea una cuerda de luces que se encienden y se apagan pautadas escrupulosamente 
No es la primera vez que estoy en un hospital ni será la última
No olvido las otras ocasiones ni mis otros enfermos y sus habitaciones indecentemente caldeadas ni tampoco a donde daban sus ventanas 
Recuerdo las camas articuladas donde alguna vez yo descansé brevemente mi apéndice mi parto mi aborto 
Y recuerdo sobre todo el dolor de un flexo que me quema la pantorrilla mientras manipulan mi interior y yo trato de discernir si duele más la piel la víscera o mi recuerdo 
Porque duele 
Siempre duele
Por qué escribes sobre el dolor, me pregunta él,  
Y yo no sé qué responderle, porque no lo sé 
Mi madre volverá al hospital para que averigüen de dónde procede su dolor tanto como es posible averiguarlo
Entraré por ese pasillo seguiré la línea buscaré el número en la puerta con los nudillos pum pum y entraré dispuesta a escapar otra vez